lunes, 2 de noviembre de 2015

Una prima feliz y una amiga deseada.

Ya habían pasado varios días del último encuentro con mi prima. Ahora estaba más complicado, ya que el horario de Hugo había cambiado. Las noches estaba en casa y el horario del día era imprevisible, por lo que se producía ahora entre mi prima y yo, eran pequeños y rápidos escarceos.
            La vida se hizo más rutinaria de lo que a mí me gusta. Veníamos los tres de comer por ahí, cuando llegamos al portal. Había una pareja de unos 38-45 años, una vez llegamos nos saludaron y se dirigieron a mi prima, presentándose como nuevos vecinos, (El día anterior es cierto que estuvo un camión de mudanzas descargando), que la llave que les entregaron del portal no abría, mi prima les dijo que ella tampoco vivía allí que estaba de visita, pero dijo mi primo sí.
Yo empecé a hablar con ellos y les dije que ahora les llevaba una llave del portal, me dijeron el piso y me dieron las gracias. Nada más subir cogí una llave que tenía de sobra y se la baje, me invitaron a pasar y vi que tenían todavía todo sin desembalar. Eso si antes de irme me entere que venían de Toledo y que tenían 3 hijos. Me despedí diciéndoles que si necesitaban algo que no lo dudasen, que ya sabían dónde vivía.
No lo puedo evitar, no le quite el ojo a la mujer, aunque la ropa no le acompañaba mucho, me daba la impresión de que debía tener muy buen cuerpo y era de la edad que más me gustaban.
Cuando llegue a casa, Hugo me dijo que me había ocupado mi habitación de estudio para hacer unas cosas del trabajo, le dije que adelante, que no importaba. Quedándome en el salón con mí prima. Sabía que no se podía hacer nada porque las puertas están abiertas. Mi prima me dijo que pusiera la televisión y cuando lo hice, en voz baja me dijo…
-Eres un “sinvergüenza” irremediable.
-¿Yo? (No sabía de qué iba)
-Te tiras a tu prima, estás loco por los huesitos de Marga y ahora te comías a tu nueva vecina.
-¿Qué dices? Cuanta imaginación te gastas.
-Mira primito, yo de sexo se poco, en estos días aprendí más que en toda mi vida, pero conozco bien a las personas y las miradas.
-Te reconozco que sí, que la vecina está muy apetecible, pero nada más. Y de Marga imaginaciones tuyas.
-Lo mismo me dijo ella.
-Que te dijo ¿Qué?
-Cuando la dije como te miraba y otras cosas… me contesto lo mismo. Y que sepas que se debe de creer que soy tonta, pero estuvo sonsacándome cosas de ti, como quien no quiere la cosa y yo me hice la lerda contestándole a muchas cosas. Algunas verdad, otras me las imagine y otras las exagere.
-¿Puedo saber esas cosas?
-Pues cosas sobre tus gustos. Como te gustan las mujeres, como te gustan que vayan vestidas, etc.
-¿Qué se supone que me gusta?
-Las chicas con buen cuerpo, altas, con mucho pecho, minifalderas, escotadas, con medias no pantys…
-Joder prima, no lo hemos hablado pero lo has clavado.
-Como le gustan a la mayoría.
-Bueno y ya puestos que me cuentas de ella.
-Ella es más “marchosa” que Cesar, él es más tradicional, por lo que dice ella. Que le gustaría un poco más de chispa en la cama. Eso es lo que me he enterado en general, más o menos lo que me ocurre a mí con Hugo.
-Bueno prima me voy a poner los cascos para oír un poco de música. (Como no dando importancia a lo que me decía)
            Evidentemente una vez me puse la música y cerrando los ojos, no podía dejar de pensar en Marga. Ahora mismo, bueno y desde hace ya algún tiempo era mi gran deseo. Al rato de estar escuchando música, empezaron a fallar los cascos, por lo que se ve un cable hacia mala conexión, la verdad que ya era hora de cambiarlos, tenían mucho tiempo y mucho trajín.
            Me levante y dije que iba a comprar unos cascos que ya volvería. Fui a un par de tiendas pero no me convenció mucho lo que tenían, así que me dirigí al Corte Ingles. Estando viendo los distintos cascos que tenían, alguien me dio en el cuello, era Cesar, rápidamente y con disimulo pegue un vistazo, para saber si venia solo. No viendo a Marga.
            Él había comprado ya algo porque le vi una bolsa, me dijo que si buscaba unos buenos cascos que comprara esos, señalándome unos, me dijo que él los compro e iban muy bien, muy buena calidad de sonido… así que no di más vueltas, los pague y me los lleve.
            Como en ese centro tienen cafetería también, Cesar dijo de ir a tomar algo y charlar, dirigiéndonos hacia la cafetería, hablábamos de aparatos de música, altavoces, cascos… La conversación era entretenida porque a los dos nos gustaba la tecnología.
            Yo estaba en ese momento bien, el tenía mejor cara. Pero se produjo un cambio total en la conversación, diciéndome que desde que le dije lo que le dije, le ha dado mil vueltas a la cabeza, que agradece que hubiera sido sincero con él y sobre todo que no hubiera intentado nada con Marga.
            Deje bien claro que prefería hablar de otro tema y no de ese. No me sentía cómodo. Pero él seguía, cuando me dijo espero no te enfades con la pregunta, ya sabía que lo mismo me enfadaría, pero le dije que adelante. Tú y Sofi… como no se decía a preguntar, me adelante yo. Si, Sofi y yo hacemos lo que queremos ya sea juntos o separados.
            Después de un silencio, me pregunto si no me daban celos. Mi respuesta fue que, simplemente vemos las relaciones de distinta manera, nadie es dueño de nadie. ¿Tu acaso nunca has pensado, soñado, deseado a ninguna otra persona? Si hombre, claro que sí, pero no es lo mismo me dijo.
            Mira un porcentaje muy alto de gente si supieran con seguridad que su pareja no se enteraría, serian infieles. Y sobre todos los tíos, cuantas veces ven una película de un trio con una mujer y les encantaría, pero si es con un hombre… ya la cosa cambia. Estuvimos hablando de todo ello mucho tiempo y cuando nos fuimos, en el momento de despedirnos me di cuenta que algo le rondaba la cabeza.
            Cuando llegue a casa vi que estaban haciendo las maletas, en un principio como están como alterados, me mosquee, no sabía si Hugo se había enterado de algo. Pero no, era que al día siguiente volvían a su casa, ya que habían requerido la presencia de Hugo en la empresa. Se encontraban nerviosos pero yo les tranquilice, Hugo se marchó a comprar los billetes, mi prima seguía con el resto.
            La vi medio agachada con el culo en pompa y no lo pude evitar, me acerque por detrás y me pegue a su culo, ella me dijo que ahora no, pero no la hice ni caso, sabía que ella estaba notando mi erección, mientras la restregaba por todo su culo y la tocaba los pezones, que sabía que eran su debilidad. Paso del no, al estate quieto y del estate quieto al uuuhhhmmmmmm.
            Metí mis manos por debajo del vestido, bajándole las bragas, ella moviendo sus piernas las dejo caer en el suelo, pero la muy puta, seguía diciendo que ahora no podíamos. Me desabroche los pantalones, dejándolos caer y me saque la polla, poniéndola entre sus piernas, sin metérsela, rozándola toda y pegando la cabeza en su clítoris. Ella metió la mano entre sus piernas, agarrando mi polla, llevándola a la entrada de su coñito y empujando hacia atrás, hasta que la noto bien dentro.
            Se movía con ansias, con muchas ganas, se quedó apoyada con una sola mano y con la otra se hacía una paja, parecía que no quería esperar más y se corrió bruscamente. Se quedó como en trance pero sin sacarse la polla. Yo estaba caliente y pregunte que donde prefería que me corriera, ella dijo que donde yo quisiese, sin dejar de moverme la dije que tenía que elegir ella, pero seguía en sus trece. Bueno pues me correré así.
            Ella se quedó como desconcertada y me dijo que como sabía que me gustaba en su culo que me dejaba. Diciéndola que puta que era, estaba loca porque al follara el culo. Ella dijo que no era eso. Como no hice ademan de cambiar, ella dijo, que vale quiero sentirla ahí, que se siente mejor. Fui por aceite, pero puse poco y empecé a follarla con más decisión que la otra vez. Ella resoplaba pero estaba más activa, había perdido el miedo. La embestía bien embestida y ella solo gemía, cada vez más alto hasta que noto como pegue una embestida hasta el fondo, corriéndome abundantemente y eso fue el detonante para que ella se corriera otra vez.
            Se fue al baño y cuando salió, llamo a todas despidiéndose hasta otra vez, diciéndolas que se lo había pasado muy bien y que ya les contaría o que ya lo haría yo.
            Cuando llego Hugo, estuvimos hablando de todo un poco y cenamos tranquilamente. Después de cenar me llamo Kiko para invitarme ese sábado a cenar en su casa. Pregunte quienes iban y él me dijo que daba igual, yo dije que no, que me dijera quien iba. Me dijo que lógicamente Adela, que era su pareja y vivía con ella, Martin y Celia, pero que no sabía si vendría alguien más, mi olfato me decía que había trampa, pero dije que sí. Cuando colgué lo comente con Hugo y con mi prima, diciendo los dos a la vez, que seguro que llevaban a Cristina que como congeniamos y le gustas, seguro que están haciendo de celestinos, era lo mismo que había pensado yo. No me disgustaba la idea, todo lo contrario, podía ser una buena cena y mejor noche.
            Por la mañana los lleve a la estación, llegamos antes de la hora, nos daba tiempo a desayunar tranquilamente, estábamos haciéndolo cuando Hugo fue al W.C., aproveche para acercar mi boca al oído de mi prima y decirle que mi polla extrañaría ese culito, ella casi se atraganta de la risa, pero me dijo que ella si lo extrañaría.
            Aparecieron todas las mujeres a despedirse, fue una sorpresa, a mi prima le cayeron algunas lágrimas. Estuvieron de charla todo el tiempo hasta que se fueron al vagón, mientras Hugo y yo estuvimos los dos hablando de todo. Una vez que se subieron al tren, yo me despedí de todas y me marche, cuando lo hacía oí como ellas me decían cosas subidas de tono, en plan gracioso, pero lograron ponerme un poco colorado.
            Llego el sábado, me fui a comprar un vino para le cena a una bodega cercana a mi domicilio. A la vuelta me encontré a la nueva vecina, por cierto se llamaba Begoña y el marido Adrián. Hoy la pille con mejores pintas que el ultimo día, llevaba unos jeans ajustados, que le hacían un buen culo y unas buenas caderas. Estando los dos hablando apareció el marido, yo los invite a tomar algo en la cafetería del barrio, les costó un poco pero al final aceptaron.
            Estuvimos sentados en la terraza siendo la conversación amena y entretenida. Me costaba no mirar el escote, es algo que siempre me pierde, pero logre controlarlo. Pero de pronto y sin venir a cuento, Adrián dirigiéndose a mí, me dijo que demasiadas confianzas con su mujer, que no sabía al tipo de mujeres que yo trataba pero que me estaba equivocando, levantándose, agarrando a su mujer del brazo y llevándosela.
            Los vi alejarse y vi como él iba dándole la bronca, gesticulando mucho con los brazos. Yo no salía de mi asombro, recapitule en lo que había sucedido desde que los vi esa mañana y no había nada que yo hiciera, que dijese, que pudiera ocasionar esa reacción, salvo que se me hubiera pasado. Cogí la bolsa con las botellas de vino y me fui para mi casa, esperando que eso no fuera el preludio de la cena de esa noche.
            Como siempre llegue un poco antes de la hora, me abrió la puerta Kiko, pasamos al salón, que ya estaba todo preparado y me dijo que Adela saldría en cualquier momento que estaba arreglándose. Fue coincidencia pero íbamos vestidos completamente iguales los dos, de blanco impoluto.
            Apareció Adela, iba estupendamente, con un pantalón ajustado de tela, que hacía que resaltara su bien formado culo. Me saludo más efusivamente que otras veces, pero dentro de la normalidad. Acto seguido sonó el timbre eran Celia y Martin, Adela que fue quien abrió la puerta después de saludar a Martin, que vino hacia donde estábamos Kiko y yo, se quedó apartada con Celia, no entendía lo que se decían pero cuchicheaban.
            Celia no tenía nada que envidiar a Adela venia también muy bien, con un vestido negro, muy escotado con la espalda al aire, le sentaba muy bien. Las dos iban vestidas impecablemente.
            Yo seguía esperando la llegada de cristina, me la imaginaba toda provocativa y mi acercamiento seguro que saldría perfecto, pensando ya en una noche perfecta, quitándome el mal sabor de boca de lo ocurrido por la mañana. En ese momento Adela dijo que 10 minutos de cortesía y si no empezaríamos a cenar.
            Cuando estábamos a punto de sentarnos, sonó el timbre, yo no quería que se me notara mucho mi impaciencia, así que me quede tranquilo como si no me importara. Cuando se abre la puerta, veo aparecer a Marga y Cesar. Una vez que entraron yo me quede anonadado, mientras Cesar me saludaba.
            Marga venia espectacular. Minifalda negra de piel, dejando ver esas piernas perfectas, enfundadas en unas medias negras, con unos tacones que las hacían más perfectas si es que se podía, pero para redondear la imagen, llevaba una blusa semitransparente de color negro también, que dejaba entrever esas enormes tetas, enfundadas en un sujetador, que parecía que no las podría aguantar.
            Cuando íbamos a sentarnos, caí en la cuenta que fue a la única que no salude. Vaya fallo más grande. En la mesa quedamos sentados de la siguiente manera. En un extremo de la mesa estaba Adela y en el otro Kiko. Martin y Celia en uno de los lados, en el otro lado Cesar, Marga y yo, quedando Marga en medio de los dos y yo junto al extremo en el que estaba Adela.
            Cuando nos sentamos, la falda de Marga se subió un poco más, quedando a la vista parte del adorno de las medias, lo que me puso más “malo”, ya que eso quería decir que no eran pantys.
            La cena estaba entretenida, fue de las pocas veces que tome vino. Eso sí poca cantidad, contrario a los demás. Yo interactúe bastante con todos, a excepción de Marga que reconozco que habla lo justo. Pero poco a poco la conversación fue subiendo de tono.
            La voz cantante la llevaban Kiko y Martin, apoyándose el uno con el otro, ante las miradas cómplices de Adela y Celia. Lo que hizo que me diera la sensación de que no era tan espontaneo como parecía. Muchas risas por los comentarios, pero ya entraban todos en los comentarios, eso sí Cesar y Marga con más suavidad que las otras parejas.
Una vez acabada la cena, yo propuse ir a tomar algo por ahí. Pero tanto Kiko como Martin, saltaron como un resorte, diciendo que habían traído un licor especial, bueno soltaron un rollo sin sentido, pero todos decidieron de tomar la copa allí, en un principio.
Como parecía que se había estancado ya la conversación y apunto yo de proponer otra vez el irnos a tomar algo fuera. Kiko dijo que se le había ocurrido una idea buenísima, tenía un juego en el que podíamos jugar todos, que era muy entretenido, eso si algo atrevido. Nos quedamos callados sin decir nada, pero Martín hábilmente pregunto si era el juego que trajo de Francia, él dijo que si, entonces Celia y el dijeron que por ellos sí que era muy divertido. Yo pregunte de que iba y Kiko le dijo a Adela que lo trajese, en un visto y no visto apareció Adela con el juego. Que por cómo se veía la caja, ya había sido usado bastante.
Era un tablero, que una vez abierto era muy parecido al trivial, la semejanza era grande. Con dos tipos de tarjetas de distinto color. Unos dados y como unos muñequitos, con las formas de hombre o de mujer y de distintos colores. Como estaba todo en francés poco entendía yo, así que Kiko pasó a explicar cómo era el juego.
Era un juego para adultos, donde se perdían prendas y cuando no te quedaban pasabas a los castigos. El juego típico de adultos y jóvenes, pero en francés. Automáticamente vi como Marga y Cesar eran reacios, mas este último por la cara que tenía, que yo lo conocía ya bastante bien.
            A mí, fue como si me ignoraran, porque se dedicaron a convencerlos a ellos, la argumentación principal la basaron en dos cosas, la primera era que si en algún momento se sentían violentos lo podían dejar y el segundo argumento es que ya nos habíamos visto todos desnudos.
Cesar nos dijo que un momento y se salió al pasillo con Marga. Después de un buen rato entraron y dijeron que vale, pero que si decidían dejarlo que nadie se mosquease. Todos dijeron un… claro, claro, no os preocupéis, pero yo intuía que no estaba tan claro.
Bueno el caso que empezamos el juego, las tarjetas “peligrosas” eran las del montón rojo, las verdes eran más suaves. Eso fue lo que dijeron. Se notaba demasiada tensión, pero de deseo. Se bebía, se hacían comentarios, nos reíamos. Al rato estábamos de la siguiente manera. Kiko en slip y se le notaba una erección importante, Martin sin camisa. Cesar sin camisa. Adela había perdido ya su pantalón y su blusa, estando solamente en ropa interior, llevaba tanga y cuando se giraba el culo era espectacular. Celia en tanga solo, ya que al perder el vestido y no llevar sujetador…, luego Marga que estaba como Adela, pero la diferencia era abismal, ya no podía evitar no mirar y además me daba igual. Yo estaba con pantalones y sin la parte de arriba.
Kiko fue el primero en quedarse desnudo y cuando lo hizo hubo más de una sonrisa, porque estaba totalmente empalmado. Hicimos comentarios jocosos y seguimos el juego. Un poco después estaban desnudos completamente Marga, Martin y Celia. Quedando Adela con unas braguitas preciosas y yo con boxers. Se notaba mi erección y alguno hizo comentarios de que llevaba un calcetín o algo puesto y todos se rieron por el comentario.
El siguiente en quedarse desnudo fui yo, me di cuenta que tenía demasiados ojos, no es que me diera corte, pero me llamaba la atención tanto silencio y tantas miradas. Ya no me anduve con más tonterías y me lo quite. Mi polla salto como si tuviera un resorte quedando pegada a mi pelvis prácticamente. El silencio se rompió con un comentario de Adela, que dijo… Menudo “calcetín”, que bonito. Nos reímos todos.
Adela se quedó desnuda después. Hasta ese momento las pruebas para los que se quedaron desnudos fueron pequeñeces. Pero ahora no sería lo mismo. La primera prueba la perdió Marga y yo hice por perder, para tener que hacer la prueba que fuera con ella y me salió bien, perdí. La prueba era bailar una canción lenta a oscuras. Kiko y ella se miraron, por lo que se ve Kiko pensó que no pasaba nada. Pusieron la música y apagaron la luz. Una vez abrazados el olor de ella me embriagaba, hacía que mi polla palpitara y se calentara hasta cotas desconocidas, aproveche y me pegue bien a ella, ella no hizo nada pero no se quitó, al oír que la música acababa me aparte un poco, de los comentarios que oí en la oscuridad ni me entere.
La siguiente la volvió a perder Marga pero esta vez con Martin. Era un beso y Martin no se lo pensó, la dio un morreo bestial. Kiko se levantó cogió la ropa de su mujer y la de él, diciendo que se iban que ya había llegado todo demasiado lejos. Todos se pusieron a convencerlos, aunque a mí me daba que Marga no necesitaba que la convencieran.
Cuando menos se lo esperaban aparecí yo, totalmente vestido y dije que me iba, que era mejor que se quedaran las parejas. Se quedaron cortados y en ese momento Kiko me llevo a un apartado para decirme que pasaba, yo le dije claramente que estaba claro que ellos, Martin y su mujer, ya habían estado juntos y todo esto lo prepararon. Kiko me lo reconoció, le dije que me sabía mal por Cesar. Así que me marchaba.
Cuando me iba a despedir Cesar y Marga estaban vestidos, diciéndome que me esperaba que ellos se iban para casa también. Bajamos juntos en el ascensor y parecía un funeral, todos en silencio y la cara de Cesar desencajada. Cuando salimos y llegamos a la calle me dio las gracias por no tratar de convencerle, me quede callado. Llegamos a la altura de su coche, el mío estaba un poco más adelante y cuando me iba a despedir, se dio cuenta de que se le olvido la cartera.
Nos dejó y se fue a por ella. Marga estaba seria sin saber que decir y yo la dije que duro poco pero que estuvo muy bien, aunque seguro que podía haber sido mejor, trato de evitar una sonrisa y al final lo consiguió. Vi venir a Cesar, seguro que fue corriendo para no dejarnos mucho tiempo solos, así que aproveche y le dije a Marga que me gustaría mucho que mañana por la mañana se escapara y viniera a mi casa.
Justo llego Cesar, que se le veía con ganas de marcharse, me dio la mano secamente y se despidió, me despedí de Marga dándole dos besos muy cerca de las comisuras de sus labios, fui muy descarado. Estuve a punto de volver a subir, pero quise seguir con mi postura, seguro que ya que las cartas estaban vistas, habría otra oportunidad y sospecha que más pronto de lo que yo creía.
A la mañana siguiente estaba levantado bien temprano, sobre las 10 de la mañana sonó el timbre de la puerta, el corazón me dio un vuelco, no quise demostrar mi ansia, por lo que fui tranquilamente, al abrir… mi vecino, que me decía que llego ayer noche y que estaba de Rodríguez (expresión española de cuando uno se queda “soltero” sin familia), me tuve que contener para no decir un exabrupto.  Para cortarle le dije que me disculpase, que ya nos veríamos en otro momento, que ahora estaba hablando con mis padres.
Paso toda la mañana y no hubo señales de Marga. Una gran pena. Así que decidí irme a comer fuera de casa, no me apetecía prepararme nada. Una vez en la calle se notaba que era domingo. Por la cantidad de gente que había en el barrio. Iría dando un paseo, ya que el sitio estaba como a un cuarto de hora a mi paso.
Oí como alguien chistaba, me gire y vi que era Adrián con su mujer Begoña, me volví a girar y continúe mi camino. Cuando siento que me agarran el brazo, era Adrián que venía sofocado, se había dado una pequeña carrera, me dijo que quería hablar conmigo, me solté de su mano diciéndole que yo no quería hablar con él, dejándolo con la palabra en la boca y continúe mi camino.
Hoy estaba dispuesto a saltarme las prudencias a la hora de comer y me fui a un sitio de hamburguesas, carnes... muy conocido en España. Estaba en una de las zonas de ocio del puerto, llegue y había mucha gente, pero al ir solo tuve más suerte que el resto, porque tenía un sitio para mí. Cuando estaba sentado junto a la barra y me disponía a pedir, oí a Cesar detrás de mí, que me decía que estaba allí con Marga y los padres de ella.
Como era lógico le dije que yo no pintaba nada allí, el insistió, ya que las mesas ahí son de seis, muy americanas, tres en un lado y tres en el otro. Pero me hice firme en mi respuesta y él me dijo que así estaría mejor, ya que yo sabía que con sus suegros no se llevaba muy bien. Pero yo me mantenía, hasta que llego Marga diciendo que no les haría ese feo, que así me presentaba también a sus padres.
No me hice más de rogar y me fui con ellos. Me presentaron a los padres, ya sabía de donde había salido Marga, que madura más preciosa, tendría sobre los 50. Si me dieran a elegir sería difícil decidir, aunque la madre se llevaría casi todos los puntos. Me parecieron muy agradables, yo estaba sentados en la misma banqueta de los padres estando la madre en el medio. Congeniamos muy bien, hablaron más conmigo que con Cesar y Marga. Y yo con la madre digamos que fui bastante “pícaro” y provoque varios roces entre piernas, pero no sé, ni puedo decir que ella quisiera algo.
El padre no nos dejó pagar, Cesar rápidamente se inventó una historia sobre algo que tenía que recoger en mi casa… yo le seguí la corriente, de tal manera que al final nos fuimos él y yo para mi casa, quedándose Marga con sus padres y diciéndole a Cesar que luego pasaría a recogerle.
Una vez en mí casa Cesar saco el tema de la noche, diciéndome que le dio mal rollo, yo le dije que lo entendía, que esas cosas tienen que estar muy maduradas y no forzadas. Pero me lleve una sorpresa cuando me dijo que en confianza, lo que le preocupo no fue lo que sucedió, que lo que le preocupo fue, que al principio tuvo un poco de celos, pero que luego le excito.
Que él era una persona normal, que no podía sentir eso. No me quedo más remedio decirle, que el que a uno le guste eso no quiere decir que sea anormal, por lo menos yo no me consideraba así. Me pidió perdón, no quería ofenderme. Se refería a que era muy tradicional. Aproveche y le pregunte por Marga, porque suponía que lo habían hablado.
Cesar no tenía ganas de contestarme, pero pinchándole un poco, me dijo que le paso como a él. Le seguí preguntando para saber qué es lo que más les excito, les sorprendió, apeteció… recibiendo un buffff, como contestación.
Pero poco a poco se fue confesando, me dijo que le excitaba todo, ver a todos haciendo todo, pero sobre todo a Marga con otro y ver si se liaban dos de las chicas. Yo me reí, diciéndole que normal. Cada vez fue cogiendo más confianza, no sabía si por el whisky que se estaba tomando, que cargo bastante el vaso y eso hacía que se envalentonara. Hasta que me confeso que lo que más le gusto o impresiono a Marga, fue la facilidad con que las otras dos parejas actuaban y por el tamaño de mi polla.
La conversación se cortó de pronto por que llamaban al timbre y era Marga. Una vez que entro nos preguntó de que hablábamos, cuando yo iba a decir algo menos lo que de verdad estábamos hablando, le dijo a Cesar que cada vez se le notaba más lo de cómo se escaqueaba con sus padres.
Yo le dije que no lo entendía, que eran muy majos y que tenía una suegra que estaba como un cañón. Cesar dijo que no podía creer lo que yo decía, que tenía 51 años. La edad perfecta, dije yo. Marga solo miraba no decía nada. Se puso otro whisky.
Cesar fue al baño y nada más quedarnos solos, medio en broma, medio en serio dije que estaba muy dolido por dos cosas, una porque no vino. Ella contesto rápida como si supiera que la preguntaría eso. Diciéndome que había quedado temprano con sus padres, pero que de todas maneras no hubiera venido. Sus ojos decían otra cosa o eso creía yo. Y la segunda cosa, pregunto.
No sé si decírtelo porque no quiero crear un cisma de pareja. Ella ahora con cara intrigada me dijo que se lo dijera. Me hice de rogar hasta que me dijo que me juraba que no se lo diría a nadie. En ese momento apareció Cesar y seguimos hablando de todo, pero Marga me miraba intrigada y se notaba que estaba pensando que seria. Como ella fumaba, dijo que no tenía tabaco. Cesar dijo que mejor así. Ella en plan seductora, le decía que bajara a comprarle tabaco que eran cinco minutos.
Al final el bajo. Nada más cerrarse la puerta, ella me pregunto. Yo dije que… que… dejémoslo en mala, que eres, le hiciste bajar y seguro que tienes tabaco, me sonrió y me dijo venga cuéntame.
Me la quise jugar. Ya me han dicho que te excitaste anoche, pero que mi polla fue la que menos te gusto. Se puso con cara de rabia. Pero me contesto… ya veo que Cesar es un bocazas y tu un mentiroso, porque no te puede haber dicho eso. Me acerque hasta ella y la bese, ella hizo intención de apartarse pero al final se engancho bien a mi boca.
La empecé a comer el cuello y cuando estaba mordisqueándole el lóbulo de la oreja, le decía lo cachondo y bruto que me puso, las ganas con las que me quede de comerle esas tetazas que tiene, de comerla el culito y el coño, hacia pausas y la lamia por todo el cuello, ella suspiraba cada vez más. Las ganas de follarla que tenía, las pajas que me hice pensando en ella cuando llegue a casa. Ya tenía metida mi mano por su pantalón sin necesidad de desabrocharla. Le flaqueaban las piernas, allí de pies los dos.
Le decía que me la pensaba follar sin contemplaciones, ella me dijo que ahora imposible, que cesar estaba al llegar. Metiéndola los dedos en su coño encharcado la dije que me lo pediría ella y hoy. Me desabroche la cremallera de mi pantalón y saque como pude mi polla. Cogí su mano y la lleve a ella. La agarro y solo decía que grande, que caliente esta, que gorda, madre mía. Me estaba haciendo una paja, pero era muy brusca, pero me ponía más cachondo, la apretaba mucho y subía y bajaba con fuerza.
Sonó el timbre de la puerta, me guarde la polla rápido, abrí la puerta y cuando me di la vuelta Marga estaba sentada. El, la dio su tabaco y ella se fumaba el cigarro con ansiedad. Nos observábamos ella y yo en plan furtivo, cruzándose en algunos momentos nuestras miradas.
Marga se levantó diciendo que éramos unos muermos, que nos dejaba allí solos y que ella se marchaba. Cesar quiso levantarse para acompañarla y ella dijo que no, que se iría a tomar algo con alguna amiga, que no tuviera prisa. La acompañe hasta la puerta y la di dos besos lo más descarados que pude, como quedaba a espaldas de Cesar, cerca de sus labios y con un poco de lengua.
Nos quedamos como si no supiéramos de que hablar, cuando me llamo por teléfono mi prima, pero la dije ahora mismo no podía hablar que luego la llamaba, como vi algo de extrañeza en Cesar, pensé que lo mismo creía que era Marga, por lo que le dije a mi prima nuevamente que luego la llamaría, pero que antes alguien quería saludarla, pasándole el teléfono a Cesar, él no sabía quién era, hablaron un par de minutos y su cara volvió a relajarse.
Al ratito Cesar dijo, que iba a aprovechar y acercarse a ver a sus padres. Nos despedimos y se fue. Me fui a la cocina y me prepare un refresco de fruta natural con hielo picado. Una vez que lo tenía regrese al salón y llame a mi prima. La note muy alegre, la dije que me contara que ya tenía todo el tiempo del mundo, pero me dijo que mejor me lo contaba Hugo.
Él se puso y me empezó a contar, que no me habían dicho nada antes, hasta no tenerlo claro, le habían ofrecido quedarse en Alicante, con un buen puesto de trabajo, por lo que me conto muy bueno. Que lo habían estado pensando y al final lo iban a aceptar. Estábamos hablando, bueno más bien el hablando y yo escuchando, porque me estaba explicando todas sus funciones, lo que él pensaba hacer… cuando sonó el timbre de la puerta, como tocaron varias veces seguidas pensé que era Cesar que se le había olvidado algo o el pesado del vecino.
Abrí la puerta, llevaba el teléfono conmigo, era Marga, me aparto y entra. Yo sigo escuchando y no aparto mi mirada de ella, lo cierto que prácticamente no escucho a Hugo. Marga me empuja hacia el sillón hasta que caigo, quedándome sentado, se arrodilla y me empieza a desabrochar los pantalones. Me baja la cremallera y me mordisquea por encima de boxers, empezar y crecer mi polla, fue todo uno. Era una provocadora, mientras lo hacía me miraba fijamente a los ojos.
Cuando vio que me tenía a mil, se levantó y empezó a desnudarse, me daba la espalda. La parte de arriba se la quitó con tranquilidad, pero lo de los pantalones fue, sensual, excitante, provocativo. Menudo culazo, era sublime, sin darse la vuelta se agacho provocando aún más si se puede, para recoger las cosas del suelo y sin darse la vuelta se fue en dirección a mi habitación.
Le dije a Hugo que era estupendo, que ya hablaríamos, pero que ahora tenía que colgar, que me había surgido algo urgente, él me dijo que cuando pudiera le llamara otra vez y finalizamos la llamada.
Cuando llegue a mi habitación, había bajado un poco la persiana, dejando todo en penumbra, pero se veía bien. Ella estaba tumbada boca abajo, quedando ese culo en primer plano. Me desnude rápidamente y tal como estaba, acerque mi boca a su culito, lo empecé a lamer y mordisquear. Era una auténtica locura, me levante un poco para mordisquear y lamer su espalda, subía por la columna, pasaba mi lengua, notaba como se movía, llegue a su cuello, allí me entretuve más, con sus hombros, su cuello, sus orejas.
En la posición que estábamos mi polla quedaba entre sus nalgas, ella no hacía más que moverse y excitarme. Ella actuaba suavemente, no hablaba. Contenía sus suspiros, giraba la cabeza al lado contrario de donde yo ponía la mía, no había manera de besarnos.
La di la vuelta bruscamente, no se lo esperaba, su mirada era de sorpresa, ahora hacia lo mismo que hice por su espalda, la lamia, la mordisqueaba, ella tenía sus brazos y manos quietas. No lo entendía, porque se notaba su excitación. Los pezones parecía que la iban a reventar, lamerlos era la gloria, pero mordisquearlos y ver como se retorcía su cuerpo era el no va más.
Ahora ya estaba en su ombligo, pasaba mi lengua y ella seguía conteniéndose. Pase a sus muslos, a la cara interior de ellos, al momento ella me facilitaba abriendo sus piernas, para que lamiera su coñito brillante. Pero no, no tenía ninguna prisa en hacerlo. Parecía que eso la molestaba. La pase una vez lentamente la lengua, desde su culito hasta el clítoris y lo deje, note como casi se vuelve loca.
Volví a subirme, esta vez la agarre por la barbilla para que no retirara su cara y la bese, ella no respondía, cerraba con fuerza sus labios, mi lengua luchaba para meterse en su boca. Lamia sus labios, colocado como estaba mi polla estaba tocando su coñito, cuanto más me movía y apretaba, notaba como iba cediendo, hasta que al final nos besamos con una calentura total.
Después de besarnos un buen rato, ahora si me baje de nuevo y me puse a comer todo su coñito, ya se acabó la niña modosa, se movía para todos los lados, estire una de mis manos y apretaba, pellizcaba un pezón. Iba subiendo la intensidad, ella con voz entrecortada, me decía que era un bruto, un cerdo, que le hacía daño, pero no oía que me dijese que me parase o que no hiciese algo.
Ella se zafo de mi mano y se giró hasta estar al alcance de mi polla, cuando lo hizo la empezó a lamer y se la metió en la boca, al principio me hacía daño, no sé si por inexperiencia o porque su boca no se ajustaba bien a mi polla, luego fue haciéndolo mejor y al final era una maravilla como lo hacía.
Cuando se corrió en mi boca, me hizo bastante daño en mi polla, por lo que se ve no pudo controlarla. Me quede boca arriba, ella de forma veloz y sin darme cuenta se sentó encima de mi polla, cabalgándome con fuerza, con ganas. Me clavaba sus uñas en mi tórax, estaba un poco descontrolada, se dejaba caer para poner sus tetas cerca de mi boca.
Cuando las iba a chupar se subía para no dejarme, hasta que me incorpore un poco y ya domine yo la situación, no sé porque estábamos los dos en plan bruto, ella clavándome sus uñas y yo mordisqueando sus pezones fuertemente. Luego me quede prácticamente sentado sobre la cama, con ella encima, atrapándome con sus piernas por mi cintura. Nos besábamos con frenesí, con necesidad, en plan animal. Como siempre no podía aguantarme, así que lleve uno de mis dedos a su culito y empecé a hacer una de las cosas que más me gustan, follarselo primero con un dedo.
Ella al notarlo, solo dijo… que manía tenéis con los culos, pero por ahí no, ya te aviso. Pero yo no la hice caso y metí mi dedo hasta el fondo, ella me dijo que menudo hijo puta era, que lo quitara, pero no la hice caso y seguimos. Cada vez su resistencia era menor. Hasta ya no decir nada.
Me oyó resoplar, estaba en la gloria, cuando de pronto se quería quitar porque se dio cuenta de que no tenía condón. La pregunte si no tomaba nada, porque me sonaba haber oído que sí, ella me dijo que eso era lo de menos, que el único que acaba ahí era Cesar. No la hice caso y seguí, la dije que ya me quitaría, al rato estábamos los dos cerquita ya de corrernos y cuando me di cuenta de que ella estaba al límite, dije de parar para colocarme el condón.
Ella con una mirada profunda me dijo vete a la mierda y no pares. Así nos corrimos los dos prácticamente a la vez. Ella diciéndome que era un cabrón y yo diciéndola lo puta que era. Contra más nos decíamos cosas, más fuerte era nuestra corrida. Una vez acabado, nos quedamos abrazados en esa postura, pero ella rompió el momento, levantándose de golpe, se fue al baño, llevándose su ropa y a la media hora salió.
Yo seguía desnudo en la cama, dispuesto para otro asalto, pero ella salía vestida. Con prisas, movió una mano diciendo adiós y salió lanzada para la puerta, pegue un salto, saliendo de la cama y alcanzándola antes de que pudiese irse. La pregunte que la pasaba, ella solo me decía que nada, pero que no volvería a ocurrir. Esa misma respuesta ya la había oído en otros casos. Pero antes de irse me dijo que no me quería volver a ver en ninguna situación, ni acompañados y mucho menos solos.
La dije, que si ese era su deseo, por mí no existiría ningún problema, que lo cumpliría desde ya mismo. Abrí la puerta tapándome para que nadie me pudiera ver y ella se fue. Aun sabiendo que era muy tozuda, esperaba, creía y sobre todo deseaba que no fuera así.
 Me fui al baño y me di una ducha ligera, cuando me escoció un poco el agua, cuando sali me mire bien al espejo, tenía unas buenas marcas y arañazos en mi pecho. Sonó el timbre de Argentinas Mexicanas Chilenas Colombianas la puerta nuevamente, un solo toque, el vecino seguro que no era, ya que siempre que llamaba era como si se le hubiese pegado el dedo en el timbre. Me puse un pantalón corto y sali a abrir, en el convencimiento de que era Marga, arrepentida por todo lo dicho y con ganas de repetir.
Abro la puerta, eran Begoña y Adrián, los que menos me esperaba. Querían hablar un momento conmigo. Les dije que pasaran, les pedí disculpas y me fui a poner una camiseta. Adrián venía a pedir disculpas, que le había pillado en un mal momento, etc… no me creía nada de lo que me decía, tanto por su tono, como por la cara que ponía su mujer. Admití sus disculpas, él dijo de tomar algo el próximo día, que disculpase, que se había enterado de que tenía 19 años, que a esa edad tratamos con más libertad a la gente, que es lo que le llevo a la confusión…
Mientras él decía todas las tonterías que decía, yo no paraba de mirar a la mujer, que aunque venia vestida muy discreta para el calorazo que hacía, yo presumía que debajo de esa ropa y esa apariencia había un tesorazo.

Sexo en Aleppo

Siempre fui un poco lanzada en comparación con muy amigas, ligerita de cascos diría alguna, pero yo a eso le llamaba sacarle todo el jugo a la vida.
No era yo la típica chapona sin amigos, sino todo lo contrario. Yo era sin duda la chica más inteligente de la clase, pero además de ello era la más deportista, la más popular, y por supuesto la que estaba más buena de todas.
Tarde poco en darme el primer morreo, en hacer la primera mamada e incluso en perder la virginidad. Siempre adelantada al resto de mis amigas.  Si ellas iban en la B yo estaba acabado la M.
Eran años en las que nos convertíamos de niñas a mujeres que cantaba Julio Iglesias, cuando durante nuestras fiestas de COU mis amigas se conformaban con unos morreos en una esquina del bar que tocase y algunas incluso dejándose sobar las tetas, yo me retorcía de placer siendo follada en el coche de mi novio de turno.  Ellas desde mi punto de vista no sabían lo que se perdían.
Mi paso por la universidad fue algo similar.  Destacaba por guapa, por inteligencia y por competir en carreras extremas de obstáculos, un tipo de atletismo donde solía destacar entre el resto de las chicas.  Me encantaba ganar pero también me encantaba restregarme entre el barro y llegar a casa hecha una mierda para poder transformarme dentro de la bañera.
Siempre he provocado las envidias de mis amigas, pero todas ellas sabían que estar cerca mía era el lugar donde había que estar.  Las mejores fiestas, los mejores tíos, los mejores planes, incluso algún que otro apunte perfectamente ordenado y pasado a limpio.
A nivel sexual a pesar de mis escarceos con todo chulo que se ponía a tiro en mis noches de farra, mantenía una relación más o menos estable con Ernesto, profesor de derecho penal y quien me llevó a perfeccionar el noble arte del fornicio creativo.  Ernesto me llevó a traspasar limites que nunca había imaginado, a realizar actos que nunca había leído o escuchado y a disfrutar de mi cuerpo como un mocoso de mi edad no era capaz.  Con él bese a mi primera mujer, fui doblemente penetrada y participé en encuentros de sexo en grupo.  También Ernesto inauguró mi único agujero que quedaba  por inaugurar.  Gracias a Ernesto descubrí el derecho penal y el sexo anal, le solía decir a mis amigas, en realidad fue el derecho penal y el sexo a lo grande.
Acabé la carrera y con ella con Ernesto, rápidamente fui contratada en un despacho de abogados de postín donde me dedique como no podía ser de otra forma al derecho penal, aquel en el que no solo destacaba sino que me perdía de lo mucho que me gustaba.
La verdad que aquella fue una época de mi vida que fue muy rápida y movida.  Debido a ciertos abandonos del despacho, la mucha carga de trabajo y tener que hacer cosas muy por encima de mi supuesto nivel.  En poco tiempo destapé como una gran pleiteadora, lo que repercutió en mi vida social.  A mayor éxito más dinero. 
Sexualmente me había vuelto extremadamente activa y exigente.  Solía decirle a mi jefe, al cual me follaba de vez en cuando, que si no follaba un par de veces a la semana me ponía de muy mala hostia y en el fondo aquello era verdad.   Durante aquellos años me había pasado por la piedra, como digo, a un socio del bufet, a mi jefe, varios de mis compañeros, un par de fiscales, varios clientes e incluso un juez.
Algo había que hacia que me maravillase eso de tratar con criminales.  Eran, en general, por un lado repugnantes y faltos de valores, pero sin embargo algo en mi entrepierna hacía que me calentase teniendo contacto con alguno.  Llegue como digo a follarme a más de uno, incluso a uno en la sala del juzgado donde esperábamos a punto de entrar pasar a oír la sentencia en la que le cayeron 10 años de cárcel, 10 menos de los que se suponía y 20 menos de los que merecía.  El desgraciado debía de tener una sonrisa tonta mientras esposado le guiaban desde la audiencia hasta la cárcel de Soto del Real recordando como había puesto a su abogada contra la mesa y levantándole la falda la había follado hasta hartarse.  Me imagino que se lamentará durante los próximos años el que no me diese tiempo a chupársela ante la llegada del alguacil.  En fin, cosas de los juzgados.
Llevaba cuatro años currando y triunfando, cuando recibí una visita.  Al principio me sorprendió un poco recibir a un funcionario publico en mi despacho, no era normal que acudiesen a bogados privados, pero me quede de piedra cuando vi lo que me proponía.
-       Mira Ángeles, llevamos un tiempo siguiendo tu trabajo.
-       Ah, me alaga.
-       Bueno, tu trabajo y en general tu vida.
-       ¿Perdona?
-       Si, bueno, hemos estado haciendo un pequeño estudio sobre ti y otras chicas de tu perfil y finalmente hemos descartado al resto y tu eres nuestra candidata numero uno.
-       ¿Disculpa?
-       Si, te explico.  En realidad no trabajo para el ministerio de asuntos exteriores, trabajo para el CNI
-       ¿El CNI?, ¿los espías?
-       Si, la agencia de inteligencia española
-       ¿Y que quiere el CNI de mi?.
-       Bien, estamos estudiando un plan y necesitamos una chica que nos haga un pequeño favor.
El hombre me estuvo explicando durante más de dos horas la situación en Siria, la amenaza que un tal Ali Abad representaba para España y el resto de Europa, y la necesidad que tenían de acercarse a él y conocer más en profundidad su manera de operar. 
Por lo visto se habían fijado en mi por mis condiciones físicas,  mis estudios, mi personalidad, mis ideas políticas conservadoras y sobre todo por que daba el perfil que Aba gustaba entre las mujeres.  Al fin de cuentas estaba objetivamente muy buena, muy en forma, de derechas de toda la vida, de misa dominical, aunque me gustase más una polla que a un tonto un lápiz, y tenia la cabeza muy amueblada.
Nos reunimos más de 4 veces, yo me lo pensé mucho.  Iba a tener que invertir en el tema un par de años y aunque con fondos reservados se me igualaba mi sueldo e iba a ser compensa a la vuelta de mi misión con 10 millones de euros, aceptar no solo significaba poner en riesgo mi vida sino que representaba romper con mi vida de lujos que tanto apreciaba.
Dudé durante semanas pero amante de los retos y sobre todo de España, como era de esperar, finalmente acepté.
La primera parte de mi misión consistía en introducirme en la mezquita de la M30 en Madrid.  Lo hice de la mano de mi amiga Fátima, musulmana de familia marroquí emigrada a España cuando ella era una cría. 
Empezamos cenando en el fantástico restaurante árabe de la mezquita y poco a poco me fui introduciendo en ella.  La verdad es que Fatima me había invitado mil veces a acompañarla y siempre me había dado mucha pereza,  por lo que ahora estaba muy alegre que me interesase por su cultura.  Al cabo de un año y sin haber dejado mi trabajo oficialmente era una musulmana conversa.  Había conocido a Ala y él me había hecho conocer la verdad.  Objetivamente fui aceptada muy bien en la comunidad de la mezquita de Madrid.
En el trabajo alucinaban, yo siempre tan escotada pasé de la noche a la mañana a llevar trajes muy conservadores.  No me ponía el pañuelo justificándolo ante mis nuevos amigos por que sino perdería el trabajo.  Fuera del bufete y de la mezquita seguía llevando una vida más o menos de mi gusto.  Follaba bastante aunque ya no salía de copas y con ello de caza.  Tenía que repetir fijos discontinuos, que por supuesto no me faltaban.
Poco a poco en la mezquita me había unido al grupo más radical de feligreses, llevada por mi naturaleza acabe incluso siendo yo la que llevaba la voz cantante y les arengaba con consignas totalmente radicales.  Había pasado de callar y escuchar a llamar a los hombres cobardes por no ir a Siria o Irak a continuar con la guerra santa, exaltaba a los musulmanes españoles que las noticias informaban que habían muerto en combate en esos países e incluso celebraba los atentados islamistas en Europa.  Aquellos jóvenes me admiraban
-       Tenemos que hablar – escribí un sms dirigido a mi controlador en el CSI
-       Mañana, en el retiro -  contestó.
Trabajé hasta la hora citada, dejé todo y baje los pocos metros que mi oficina me separaba del parque madrileño.
-       ¿Qué era eso tan urgente? – me preguntó mi enlace.
-       Me ha propuesto irme a Siria.
-       ¿Quiénes?
-       Dos de los más radicales.  Mohamed y Ben.
-       Dos mierdas. ¿a dónde?
-       A Homs.
-       Allí no se nos ha pedido nada.  Proponles Aleppo.
-       No sé si querrán.
-       Inténtalo.
Convencí a los dos idiotas que en Horms no se nos había perdido nada y que Aleppo era donde nos necesitan y donde realmente se había podido acabar con la población Cristina y Judía y era de vital importancia que el Estado Islámico mantuviese la ciudad. 
Planeamos el viaje para cuatro meses después. 
Intensifiqué mi aprendizaje del árabe con él que tan buenos resultados estaba labrando en la escuela de la mezquita.  Me preparé física y psicológicamente, iba a estar infiltrada durante meses entre barbaros con la única misión de acercarme a Ali Abad y sonsacar información de interés para España.
Parece una tontería, lo que peor lleve fue la orden de dejar de depilarme - ¿todo? - pregunte.  Tenia que dejarme crecer el pelo de todo mi cuerpo y no pasar una chuchilla a nada.  Coño, culo, piernas, pubis, sobacos.  Todavía no se había dado una musulmana yendo a la guerra con la depilady en la maleta.
Después de un mes aquello era un horror, pero después de tres y a un mes vista de nuestra partida parecía un madril.  Tenía más pelos en las piernas que un futbolista, mi siempre muy cuidado coño parecía el coño de una mujer de las cavernas, ya que aunque lo sospechaba, era increíble lo mucho y extendido que me nacía.  Incluso tenia el culo con un montón de pelos cosa que en mi vida había consentido.  Era sencillamente increíble la cara que mis amantes ponían al verme abierta de piernas cuando con la polla en la mano estaban apunto de penetrarme.  Por primera vez en mi vida en lo relativo al sexo me sentía expuesta y vulnerable.
Mi ultima noche en España la pasé con Ernesto.  Necesitaba sentirme amada y él sabia como hacerlo.
Cenamos en un bonito restaurante una increíble cena regada con dos botellas de tinto, nos tomamos un par de copas y sin dudarlo le propuse ir a mi casa.
Ni cerró la puerta, me empezó a comer la boca según entró por la puerta, rápidamente me lanzó contra la pared quedando de cara contra ella y sin dudarlo metió su mano en mi entre pierna
-       ¿qué tenemos aquí?, a la señorita Pérez – Mateos  le chorrean los pelos de su nuevo peinado.
-       Calla y follame cabrón -  le dije cabreada pero sabiendo que tenía razón.
No volvió a decir ni pio, sencillamente me desnudo, admiró mi cuerpo peludo y durante horas tomó posesión de él.
Me comió el coño apartando pelos y sacándose alguno de la boca a cada rato.   Me hizo chupársela lentamente, luego aceleró mi ritmo hasta que acabó literalmente follando mi tráquea.  Acabé extasiada antes de que sodomizase como a mi me gusta y por último cuando uno ya creía que la cosa no daba para más de si, me follo a lo misionero pero levantando uno de mis pies y chupándome los dedos algo que siempre ha hecho que reviente en un orgasmo tras otro.
Llegue temprano al aeropuerto.   Vestía totalmente occidental.  Cogeríamos un vuelo de Turkish Airlines hasta Estambul, desde allí nos desplazaríamos hacia el este del país para cruzar allí, cruzar la frontera en un punto señalado por la organización como un punto seguro.  Viajábamos por separados ya que en teoría la policía buscaba a posibles idiotas que se presentasen como voluntarios a una guerra que no era suya, aunque el hecho de que jóvenes musulmanes viajaran a un país musulmán hacia muy difícil el control.
Pasamos en control de pasaportes sin novedad.  Cada uno se sentó en un lado de la sala de espera.
El vuelo se desarrolló de manera muy tranquila.  A la llegada a Estambul y en la cola de pasaportes vi desde los últimos lugares de la fila como la policía aparte de mis dos acompañantes sacaron a cuatro jóvenes más de la fila.  Era lo esperado por mi.  La policía había avisado a sus homólogos que en el vuelo iban  dos terroristas que desde Estambul se dirigirían a Siria. Las autoridades turcas aparte de pillar a los buenos pillaban a unos cuantos desgraciados más con el perfil, era una manera de tapar cualquier tipo de soplo y por supuesto al confidente.  Les caerían unas hostias y les soltarían, y a los dos míos seguramente les meterían en una cárcel de esas secretas donde se pasarían una muy larga temporada.
Pase la aduana casi sin mirar a mis compañeros que era sacados de la terminal a empujones y golpes.  Me cubrí con el pañuelo.
Esa noche me alojé en una pensión de mala muerte en la parte más cutre de la ciudad.  Comí un kebac de mierda y dormí rodeada de piojos rascándome toda la noche.  Pronto me daría cuenta que aquella pensión de Estambul era en Ritz en comparación con lo que estaba por venir.
Muy temprano cogí un autobús que durante 18 horas me llevó desde la antigua Constantinopla a la fétida Adana.  Seguramente la ciudad tenía su encanto pero no a la parte de ella a la que me dirigí.  Dormí en un hostal aun peor que el de Estambul pero teniendo en cuenta lo muy cansada que estaba sencillamente me dejé llevar por el sueño.
Desperté tarde y sin posibilidad de coger el bus del día hacia Kırıkhan.  Fui a la mezquita local a conseguir información y rezar como se le suponía a cualquier buena musulmana.  Después de mis rezos y comer algo me dirigí a un baño publico a lavarme un poco pues desde que me duché después de que Ernesto me bañase en lefa mi ultima noche en España aun no había tocado el agua mi cuerpo.
El lugar era de una belleza decrepita todo cubierto de vaho y mujeres locales paseándose desnudas por las instalaciones.  Mi cuerpo destacaba sobre el suyo.  Yo delgada alta y musculada contra vacas con las ubres caídas y más pelo en el coño del que yo jamás tendría, a pesar de mis melenas del momento.
Dormí pero la siguiente noche y antes del alba cogí un bus hacía Kırıkhan, la ultima población más o menos civilizada antes de llegar a Siria.
El viaje no fue largo, digamos unas 4 horas. 
A mi llegada, me instalé en una especie de campamento para refugiados que pretendían llegar a Europa y salvar el pellejo y su mierda de vida de la pobreza y el miedo a la seguridad de Europa, y donde no eran pocos los huéspedes que iban en dirección contraria a hacer la guerra santa desde distintos países occidentales – hay que ser idiota pensé a ver tanta gente que intentaba pasar hacia Siria.  Allí conocí a varias mujeres que como yo iban a ayudar en lo que pudiesen en la guerra.  Entre ellas destacaba Hellen, una holandesa conversa de gran belleza y que se dirigía como yo hacia Aleppo.  Éramos de las pocas que hablamos ingles por lo que rápidamente hubo entre ambas una sintonía.
Aquella noche cenamos dátiles y un poco de pan y después de dormir juntas por eso del frio, por la mañana nos dirigimos hacia la plaza del pueblo con la esperanza de encontrar una furgoneta que nos llevase hasta la frontera.
Íbamos como sardinas en lata, 12 personas en una furgoneta para ocho, a pesar del altísimo precio a pagar. Hellen y yo nos lo tomamos a risa ante la mirada incrédula de los hiyaidines.  La furgoneta nos dejó cerca de Cilvegözü a un escaso kilometro de las frontera.
Pasamos la misma campo a través sin problemas.  En nuestro grupo íbamos solo mujeres, los hombres habían pasado por otro camino pues ellos podían encontrar más problemas que nosotras.  Todo iba bien cuando un jeep con unos kurdos nos cortaron el paso y nos apuntaron con sus armas.
-       ¿a dónde vais zorras?
-       Viajamos a Kafr Nouran a visitar a un familiar.
-       ¿Ósea que sois todas hermanas o familiares? -  los dos guerrilleros discutían con grandes aspavientos entre ellos, se veía claramente que uno de ellos quería meternos una bala en la cabeza y el otro pensaba que no éramos un peligro para el Kurdistan.  Sinceramente no teníamos ni idea de lo que iba a pasar.  Hellen se adelantó se agachó ante el más desconfiado y ate su asombro, abriendo su bragueta y sacando su polla empezó a chuparle la misma como estaba segura nadie le había hecho antes.   Era obvio que Hellen también tenía una vida de verdad antes de su conversión.  El soldado soltó su arma y se dejó hacer, mientras su compañero con señas nos indicaba que él también quería.  Nos miramos unas a otras, en realidad eran crias o viejas las que venían con nosotras por lo que di un paso para adelante e imité a mi compañera.  Sin ser lo que más me gusta del sexo he de decir que chupar pollas me pone mucho, es el único momento del acto en el que la mujer domina al 100% al hombre por lo que como no podía ser de otra forma aquella polla con sabor a pis me hacia dirigir a ese idiota como yo quería.  El chico imitó a su compañero y se apoyó en el Jeep dejando a mi y mi lengua que llevásemos el compas de su placer.  El guerrillero de Hellen se corrió entre suspiros, llenando la cara de mi amiga de blanca lefa.  El mío estaba a punto de caramelo cuando oí dos disparos.  El infeliz al que se la chupaba cayó para atrás con una bala en la cabeza al igual que su compañero.  Hellen se había apoderado del arma y le había dado uso sin tan siquiera pestañear.
-       vamos al coche – dijo la holandesa
Nos subimos en el auto como pudimos y yendo campo a través nos fuimos acercando a ciudad derruida por la guerra.  Desde la distancia podíamos ver distintas posiciones de los dos ejércitos, pero en la parte izquierda podíamos ver claramente la bandera verde de nuestros hombres, por lo que enfilamos hacia ellos y sacando una bandera blanca nos acercamos a su posición más adelantada.
A pesar de los resquemores de los combatientes hacia nosotras, cinco mujeres musulmanas siempre era bien recibidas en un lugar como aquel. 
Nos interrogaron una a una durante dos días.  Fuimos revisadas de arriba a bajo por si portábamos algo sospechoso y finalmente fuimos asignadas cada una a una labor.
Gracias a ser Europeas tanto Hellen como yo fuimos asignadas a una hospital de campaña donde gracias a dios no tuvimos que atender los casos más graves.  Cuidábamos de los que aún estaban jodidos pero a punto de ser dados de alta.  Entre nuestras obligaciones estaban la de limpiarles, darles de comer y una vez cada dos días por debajo de las sabanas machacarles la polla para que descargasen.
Fueron meses muy duros, las matanzas se sucedían, las bajas eran inmensas, nuevos yihaidines llegaban cada día para morir al día siguiente.  Las tropa leales al gobierno apoyadas por sus aliados occidentales bombardeaban sin piedad barrios enteros causando graves daños entre la población civil.  La situación pasaba de dura a muy dura, incluso en alguna ocasión enfermos y enfermeros habíamos tenido que tomar las armas para defender nuestra posición y nuestra vida.  Yo me había cargado a tres en lo que llevaba de tiempo allí.
En ocasiones ante el volumen de desgracias teníamos que hacer incluso de ambulancias humanas, teniendo que ir a zonas bombardeadas a sacar entre los escombros a civiles masacrados pero aun con vida y como podíamos llevarlos a nuestro modesto hospital.
La vida era intensa pero muy monótona en Aleppo.  De las 24 horas, pasabamos 12 horas en el hospital o alguna misión humanitaria fuera de el, los correspondientes rezos, ayudar en la cocina o repartir los alimentos entres los puestos avanzados o incluso pasarme por la piedra cada semana a cinco o seis de los terroristas más destacados en el combate de los días anteriores.  Todas las mujeres estábamos destrozadas de cansancio, aunque nuestro porcentaje de bajas por bala era menor que el de nuestros camaradas.
Hellen y yo nos vimos rodeadas por el enemigo en el barrio cristiano, a un escaso kilometro de donde estuvo la mezquita y el zoco antes de ser destruidos.  Habíamos ido a sacar desde los escombros a unos niños atrapados cuando llegó la infantería de Bashar al-Asad.  Nuestra escolta resistieron como leones, pero uno a uno fueron abatidos por las fuerzas que les doblaban o triplicaban en numero.  Hellen y yo cubrimos a los pocos niños vivos y cogiendo un AK47 cada una, los mantuvimos a raya durante más de 4 horas.  Tuvimos suerte de tener una buena posición resguardada, pero más que los soldado gubernamentales no fuesen un desecho de valentía y no avanzasen con ganas hacia nosotras.  Fuimos liberadas llenas de sangre y esquiladas de metralla cuando ya dábamos la situación por perdida.  Nuestra gesta corrió como la espuma entre las líneas rebeldes y rápidamente todo el mundo sabía que las dos hijas de Ala venidas desde occidente eran mártires en vida.
Dos días después de aquello Ali Abad quiso conocernos en persona.  Nos hizo llamar a su cuartel general en el imponente castillo local que a pesar de los bombardeos había aguantado estoicamente las bombas.  La zona privada del capo de todo aquello era otro mundo.  No le faltaba de nada en cuanto a lujo.  Televisión de plasma, alfombras, y todo lo que una persona en guerra no se puede imaginar ni permitir y que por supuesto en todo el país poca gente se podía permitir.  En cuanto nos vio hechas una mierda dio instrucciones que fuésemos lavadas, vestidas y volviéramos a su presencia.
Nos bañamos en un baño increíble, agua caliente, jabón, perfume, incienso… dos mujeres mayores nos enjabonaro, frotaron, perfumaron y peinaron hasta estar presentables.  Por primera vez en meses me sentí mujer.
Ali Abad resultó ser un hombre encantador y educado.  Cenamos increíblemente bien, hablamos hasta el amanecer y antes de retirarnos nos dejo caer un comentario sobre lo duro que eran las noche para un servidor de Ala solitario. 
10 minutos después nos encontrábamos las dos desnudas y siendo montadas por el líder yihadista.  A pesar del cansancio era para las dos un honor poder descargar a nuestro líder de todas sus tensiones, por lo que mientras Hellen era montada a lo misionero yo posaba mi peludo coño sobre su cara a la vez que me besaba con Ali.  Fueron cuatro horas de lujuria y placer desenfrenado en la que el comandante de Aleppo nos hizo volver a sentir lo que era un hombre.  Tanto mi amigo como yo recibimos pollazos por todos nuestros agujeros, jugando entre nosotras para el deleite de nuestro anfitrión.
Ya de vuelta en nuestro hospital, recibimos la noticia de que Abad nos solicitaba como parte de su equipo de asistencia.
El trabajo no estaba claro, pero se podía resumir como estar dispuestas a follar con Ali cuando él quisiese. 
A pesar que otras muchas mujeres pasaron por su cama en los siguientes meses, Hellen y yo éramos las preferidas y al revés que el resto de chicas a ninguna de las dos nos volvió a poner una mano encima ningún otro soldado.
Recuerdo perfectamente como la tercera noche en el castillo fui llamada a sus aposentos.  Alí me desnudo, me tumbo en su cama y sacando una navaja de afeitar empezó a pasármela suavemente por mi cuerpo.  Mis pezones reaccionaron cuando empecé a sentir el filo de la navaja pasando por mi barriga, cuello y rodear mis pezones.  Gentilmente Ali sacó jabón y una brocha de afeitar y poco a poco fue cubriendo mi bello con espuma y pasando la afiladísima navaja por mis pelambres.  Me mantuvo más de una hora afeitándome poco a poco todas mis partes.   Abría mis piernas, me hacia ponerme a cuatro patas, levantaba una de mis piernas y cuando finalmente mi cuerpo parecía sacado del mejor local de belleza de Madrid me folló dulcemente hasta el amanecer.
Hellen recibió el mismo tratamiento al día siguiente enseñándonos ambas nuestros coños calvos una vez estuvimos solas y entre risas.  Las dos sonreíamos y dábamos gracias a dios por no tener que aguantar un minuto más el coño con tanto pelo como le gustaba a mujer de allí.
Me encantaba ver como Hellen era follada por Ali delante mía.  Generalmente siempre dejaba que empezasen ellos para que a su vez Ali acabase conmigo la noche.  A él le encantaba ser como la no follada se masturbaba viendo la escena de él montando a la otra. A Ali le gustaba interactuar con las dos de alguna manera y otra.  En ocasiones nos hacia hacer 69 para ir metiendo el la polla en los distintos agujeros dependiendo de sus apetencias.
A Ali le encantaba atarnos a las cama y poseernos sin pausa.  Gozábamos como locas y todo por Ala.
Llevaba meses allí y tenía acceso a un montón de información sensible, aunque  ninguna manera de restarla y enviarla a España.  Desde hacia casi un año el CNI no sabía sobre mi.  La idea era que yo pasase información a través de los periodistas secuestrados y liberados por el ISIS, pero eso nunca se dio.  Sencillamente era ejecutados cuando su información se había acabado o sus gobiernos se ponían chulitos ni uno solo salió de Aleppo allí.
Estaba gritando de placer mientras Ali me daba duramente por el culo mientras Hellen era lamida por mi, cuando el líder empezó a hablar.
-       mis reinas del desierto, tenemos que hablar.
Las dos nos quedamos cortadas ya que nunca hablamos de nada importante mientras follábamos.  Alí siguió bombeando hasta que llenó mi culo de blanca lefa y Hellen casi se arrancaba los pezones tirando de ellos de tanto placer que se provocaba con su dedo.
-       la semana que viene parto hacia Europa, Ala me ha encomendado una misión allí.
-       ¿Y nosotras? – dijo Hellen
-       Vosotras podéis volver a casa o quedaros aquí y dar la vida por la causa.
Hellen decidió quedarse y yo volver a casa donde ISIS creía que podía ser de mayor ayuda para la causa.
Partimos después de una última noche de pasión una fría mañana de Enero.   Ambos gozamos del cuerpo de Hellen por ultima vez. Tropas leales nos acompañaron hasta Dar Ta izzah y desde allí nos encaminamos campo através hacia la frontera turca.  Íbamos pobremente vestidos, y nuestra historia era que éramos cristianos de Aleppo que finalmente huíamos de la guerra.  Nos unimos a una caravana de refugiados que cruzaron la frontera por Bükülmez.  Unicef nos acogió en un campo de refugiados donde pasamos dos semanas hasta que haciendo el camino contrario al hecho en mi viaje de ida, regresamos a Estambul donde nos quedamos en un piso franco de ISIS.
Aquella última noche Ali gozó de mi cuerpo y yo del suyo.  Me encantaba sentirme poseída por aquel hombre fuerte, versado en la lucha, de educación exquisita y un gran amante.  Ali sabía que seria la ultima de muchas noches sin catar a una mujer y yo que echaría de menos aquel cuerpo.  Sencillamente le hice darme por todos lados y yo por mi lado le pase la lengua por todo su cuerpo.  Posee su cuerpo dirigiendo toda la noche el polvo y haciéndonos a los dos recordar aquella noche por el resto de nuestras vidas.
Con los ojos llenos de ojeras por la falta de sueño yo me dirigí al gran bazar a comprar ropa occidental y Ali se despidió de mi una gento de respeto con la cabeza.  El se adentraba en Europa por tierra a través de Bulgaria y yo cogía un avión hacia Madrid.
Una vez despedido, compre ropa sencilla y discreta, me metí en un internet café y mande un escueto mensaje de correo electrónico – hoy vuelo 22:15 turkish llego.
Por primera vez en un año tome una copa de vino el cual me ayudo a dormir todo el vuelo, nadie en el avión se podía imaginar mis aventuras pasadas y en realidad a nadie le importaban.
Llegados a Madrid no tuve ni que pasar el control de pasaportes ya que mi enlace en el CNI me recogió antes y me trasladaron a su centro en la A-6 donde pide dormir a pierna suelta en su residencia a pesar de quererme ir a casa.
Dos días duraron mis interrogatorios.  En ellos relaté como habíamos llegado, les hable sobre Hellen, sobre nuestro trabajo, el hospital, las bajas, la moral de las fuerza, nuestro encuentro con Adad, nuestros polvos y sobre todo nuestro viaje de vuelta.
Occidente quedó en máxima alerta al saber que Abad estaba entre nosotros, y rápidamente se hizo notar su presencia.  Bomba en el metro de Londres, 200 muertos, camión bomba en la opera de parís, 57 muertos, bomba en la embajada de USA en Helsinki, 38 muertos, bomba en Mezquita en Turín, 47 muertos, atentado en consulado del Reino Unido en Oporto, 14 muertos.  Y solo llevábamos dos meses.  Las autoridades xnx.com.mx sabían que se enfrentaban a un loco y ante un loco poco se puede hacer.
La situación era muy dura pero la inteligencia española junto a la francesa se estaban cubriendo de gloria y semana a semana desarticulaban células, detenían a lobos solitarios y descabezaban comandos terroristas.
Poco a poco fui retomando mi vida normal.  Europa estallaba y yo con mi dinero retomaba mi vida como abogado abriendo mi propio bufet.
Un extraño eco en mi móvil me hizo suponer que lo tenía pinchado, cosa que un experto que me confirmo, pensé en quejarme, pero eso solo valdría para hacerles saber que lo sabía y conseguir que fuesen menos descuidados.
Ali Abad me contactó después de seis meses de atentado tras atentado.  Lo que ISIS iba perdiendo en campo abierto, Ali Abad lo recuperaba causando el terror en las capitales europeas.  Me quería ver.
No pasaron ni cinco minutos cuando mi enlace en el CNI me llamo para decirme que habían oído la llamada, ni siquiera se disculpo por tener mi teléfono intervenido, solo me quería ver él también.
-       Se ha puesto en contacto contigo.
-       Si, ¿cómo lo sabéis?
-       No te hagas la tonta.
-       Bueno, pues si.  Se ha puesto en contacto conmigo
-       Quiere verte y nosotros queremos que le veas.
-       De acuerdo.
Después de mucho discutirlo quedamos que quedaría con Abad el miércoles a las 12 del mediodía al lado del Quijote de la plaza de España.  La plaza estaría tomado por agentes que o bien le detendrían o acabarían con él preferiblemente la última opción.
Pasé el día alterada, no podía concéntrame en el trabajo y no se me ocurrió idea más feliz que llamar a Ernesto a ver que hacia.  Después de año y pico sin saber de mi se sintió extrañado, pero vino a casa a tomar un vino.
-       joder con Ángeles, o eres un mono peludo o ni un solo pelo en el cuerpo, como cambiamos.
-       Calle y folláme, lo necesito.
Ernesto me folló con fuerza, ganas, elegancia, imaginación y resistencia.  Sacó de mi muchos orgasmos que llevaban tiempo queriendo salir y grite su nombre mientras unos tras otro mi espalda reaccionaba a las sacudidas de placer que mi antiguo profesor de penal me proporcionaban.  Jodimos en todas las posturas y formas.
-       Siempre me ha encantado follar contigo Ernesto.
-       Lo sé.
-       Desde ese primer polvo en el que me metiste de dedo en el culo hasta ahora que te has corrido en mi cara he disfrutado cada uno de los milímetro de tu polla que han entrado en mi cuerpo.
-       Lo sé.
-       No tienes ni idea lo que has representado para mi.
Me pasé la noche en vela.  Ernesto se había ido a las tres de la mañana, yo que no podía conciliar el sueño iba alternando libros con pajas, música o mandar emails.
Me levanté, no desayuné, me duche.  Preparé mi indumentaria y me dirigí hacia la plaza de España.
Me puse debajo de la estatua sabiendo que mucho ojos me miraban en ese momento.  Paseaba alrededor de la zona, miraba el reloj, me impacientaba, miraba hacia las azoteas y a la gente que me cruzaba o que leía el periódico o que paseaba al perro y Ali no llegaba.  Me hubiese gustado no tener el móvil pinchado y poder haber disfrutado unas noches de él, pero eso ya no era posible.
Espere y espera y a las 13:30 un agente del CNI vestido de vendedor de barquillos me dijo que nos retirábamos que no iba a aparecer.
Hice ademan de irme a casa, pero me condujeron hasta una furgoneta del centro que nos llevo hasta las oficinas centrales de la agencia.
Entramos en un salón donde tanto los ministros de exteriores e interior, el director y subdirectores del CNI, embajadores de USA, Israel, Uk y Francia, así como diversos jefes policiales de la lucha anti terrorista me esperaban.  Habían quedado para ver en video la captura del terrorista, pero viendo que no se producían querían una reunión conmigo.
Realmente no era sorpresa que todos estos estuviesen reunidos pues la captura de Ali Abad era un acontecimiento importante en occidente.
Todos deseaban verme y saber de primera mano lo que ya antes les había contado antes a los agentes que me supervisaban.
Activé el botón que salía de mi manga y el chaleco bomba adherido a mi cuerpo estalló llevándome por delate a todos esos criminales de guerra que tanto hacían sufrir al pueblo oprimido de Ala.   Nadie salió vivo de esa habitación
Ali Abad siguió causando el terror durante muchos meses más a lo largo de Europa, aunque sin duda su máximo éxito fue el atentado en le CNI español.  El mismo se inmolo meses después un domingo durante el ángelus en San Pedro del Vaticano. 
Hellen hace tiempo que pasa sus días en Guantanamo después de que Aleppo cayese en manos de los cruzados y ella fuese rescatada entre los escombros con vida.